El pegging —la práctica en la que una mujer (u otra persona) penetra analmente a su pareja masculina con un dildo sujetado por un arnés o strapon— ha pasado de ser un tabú silencioso a una de las exploraciones sexuales más mencionadas en encuestas y tendencias recientes. Según datos recopilados de estudios y reportes, no solo se mantiene la chispa en muchas parejas, sino que va en claro aumento. Aquí te contamos qué dicen las investigaciones, desmontamos mitos y te damos claves prácticas para vivirlo de forma segura, placentera y conectada.
¿Qué tan popular se está volviendo?.
Estudios y encuestas recientes muestran un interés creciente. Alrededor del 16 % de los adultos sexualmente activos ha experimentado con el pegging. Casi el 60 % de los hombres (en su mayoría heterosexuales) ha fantaseado con recibir sexo anal, según la investigación del psicólogo sexual Dr. Justin Lehmiller. Alrededor del 40 % de las mujeres ha fantaseado con penetrar a su pareja masculina.
Las ventas de arneses, dildos y kits específicos para pegging han subido aproximadamente un 44 % anual desde 2018 en varios mercados. En la app Feeld, el interés en el pegging entre hombres cis se disparó un 200 % en datos recientes. En Francia, una encuesta Ifop para LELO de 2025 indicó que el 30 % de las mujeres ha penetrado analmente a su pareja (el doble que en 2017).
Búsquedas en plataformas como Pornhub superan los millones al mes, y muchas parejas reportan mayor aventura sexual tras periodos de confinamiento. Sí, va en aumento. La visibilidad cultural (series, conversaciones abiertas y normalización del placer prostático) y la reducción del estigma están impulsando que más parejas lo prueben como forma de mantener la conexión y la novedad.
¿Qué perfil de hombre accede y a qué edades?.
No hay un “tipo único”. Los hombres que exploran el pegging suelen ser heterosexuales o de orientación flexible, abiertos a nuevas sensaciones y, en muchos casos, en relaciones de confianza. Algunos estudios (como el francés) asocian mayor apertura con perfiles más progresistas o urbanos, pero la realidad es transversal: hombres de distintas educaciones, profesiones y contextos lo practican cuando sienten seguridad emocional.
En cuanto a edades, la experimentación aparece en un amplio rango.
Los millennials (aproximadamente 25-40 años) y adultos jóvenes reportan tasas más altas de prueba en algunas encuestas (alrededor del 17-18 % en ciertos grupos de 18-44 años). Sin embargo, búsquedas y curiosidad también son elevadas en grupos de 40-64 años. Muchos empiezan en la veintena o treintena, pero otros descubren el placer prostático más tarde. Lo clave no es la edad, sino la disposición a comunicarse y priorizar el consentimiento mutuo.
Esto no lo vuelve gay.
Uno de los mitos más persistentes es que disfrutar de la penetración anal “hace gay” a un hombre. No es así. La orientación sexual se define por la atracción hacia personas, no por las zonas del cuerpo que producen placer. La próstata (el “punto P” masculino) es una fuente de estimulación intensa accesible solo a través del ano; sentir placer allí es una respuesta fisiológica, igual que el clítoris o el punto G en las mujeres.
Numerosos hombres heterosexuales lo practican sin que cambie su identidad. Estudios y testimonios coinciden: la vergüenza o el miedo a “parecer gay” suelen provenir de estereotipos culturales, no de la realidad del acto. Disfrutar del pegging no redefine la orientación; simplemente amplía el mapa del placer.
Cómo las mujeres (y las parejas) pueden escuchar y acoger estas fantasías.
La comunicación abierta es el primer paso. Si tu pareja menciona la idea, o si tú sientes curiosidad por penetrarlo, crea un espacio sin juicio: escucha con interés genuino, pregunta qué le atrae (sensaciones, dinámica de poder, intimidad) y comparte tus propios límites o deseos. Evita bromas que ridiculicen o asuman que “algo está mal”.Muchas mujeres descubren que el pegging les da una sensación de empoderamiento, control y conexión profunda.
Otras lo viven como un acto de reciprocidad después de años de ser penetradas. El objetivo no es “castigar” ni invertir roles de forma agresiva (a menos que ambos lo deseen de forma consensuada y explícita en un juego de poder), sino explorar juntos. Empieza con conversaciones fuera de la cama, quizá leyendo juntas información confiable, y avanza solo cuando ambos se sientan cómodos.
Tamaño de dildo preferido y el papel esencial del lubricante.
Los hombres que empiezan suelen preferir tamaños moderados: longitud insertable de unos 12-15 cm (5-6 pulgadas) y diámetro de 2,5-3,5 cm (aproximadamente 1-1,25 pulgadas). Muchos guías recomiendan comenzar incluso más delgado (cerca de 2,5 cm) para que el cuerpo se acostumbre. Formas ligeramente curvadas ayudan a estimular la próstata. Con experiencia se puede avanzar a opciones más gruesas o largas, pero el control y la comodidad importan más que el tamaño “espectacular”. Sí, deben usar lubricante… y en abundancia. El ano no se lubrica de forma natural como la vagina. Un buen lubricante a base de agua o silicona (compatible con el material del dildo, preferiblemente silicona body-safe) es indispensable. Aplica generosamente, reaplica con frecuencia y combina con calentamiento previo (dedos, masaje externo, plugs pequeños).
No se trata de “castigar” como a veces ocurre en dinámicas coercitivas o sin cuidado. El pegging placentero se basa en la relajación, la comunicación constante (“más lento”, “así está bien”, “para un momento”) y el respeto. El dolor no es el objetivo; si aparece, se detiene y se ajusta. La idea de “castigo” solo tiene lugar si ambos lo negocian explícitamente dentro de un juego consensuado de dominio/sumisión; de lo contrario, el enfoque educativo y saludable prioriza el placer mutuo y la seguridad.
Normalizar el pegging y mantener la chispa.
El pegging no es “raro” ni una amenaza a la masculinidad o a la feminidad.
Es una forma más de disfrutar el cuerpo, de invertir roles de forma juguetona y de profundizar la intimidad. Muchas parejas reportan mayor confianza, orgasmos más intensos (gracias a la estimulación prostática) y una renovada aventura sexual.
En AMALILI encontrarás una variedad de strapons, arneses ajustables y dildos de diferentes tamaños y materiales pensados precisamente para esta práctica: opciones para principiantes (más delgados y cómodos), modelos curvados para próstata, y sets completos que facilitan el comienzo seguro. Elige materiales de silicona body-safe, arneses cómodos y estables, y combina siempre con lubricante de calidad.Si sientes curiosidad, habla con tu pareja y avancen a su ritmo . El pegging, cuando se vive con respeto, comunicación y placer compartido, es una herramienta poderosa para mantener viva la chispa y descubrir nuevas capas de conexión. La sexualidad es diversa, y normalizar estas exploraciones ayuda a que más personas disfruten sin culpa ni miedo.
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